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El juego de simulación en niños pequeños se vincula con una mejor salud mental posterior

El juego de simulación en niños pequeños se vincula con una mejor salud mental posterior

Un nuevo estudio longitudinal de más de 1,400 niños australianos revela que los niños pequeños que destacan en el juego de simulación tienen significativamente menos probabilidades de desarrollar problemas emocionales y conductuales en la edad escolar primaria. Los hallazgos, publicados en Early Childhood Education Journal, sugieren que el juego imaginativo construye resiliencia cerebral de maneras que van más allá de la simple regulación emocional.

La investigación

Dirigidos por la Dra. Fontini Vasilopoulos del Centro Matilda de la Universidad de Sídney, los investigadores analizaron datos del Estudio Longitudinal de Niños Australianos. Educadores de la primera infancia evaluaron la capacidad de juego simbólico en niños de dos y tres años, mientras que los padres y maestros reportaron resultados de salud mental cuando los niños tenían de cuatro a cinco años y nuevamente a los seis a siete años.

Los resultados fueron sorprendentes: una mayor capacidad de juego simbólico en niños pequeños se asoció con menos dificultades emocionales y conductuales posteriormente. Esto se mantuvo incluso después de considerar el estatus socioeconómico familiar, la salud mental de la madre, la capacidad lingüística y la seguridad en la relación padre-hijo. Es importante destacar que la regulación emocional —la capacidad de manejar los sentimientos— no explicó el vínculo. Los investigadores señalan la "cognición corporizada" como un posible mecanismo: el juego de simulación puede activar regiones motoras del cerebro que influyen en la atención y la ansiedad, ayudando a cablear el cerebro para la resiliencia desde temprano en la vida.

Por qué es importante

Las dificultades de salud mental afectan a aproximadamente uno de cada siete niños en Australia, pero los esfuerzos de prevención suelen dirigirse a la niñez tardía o la adolescencia. Este estudio cambia el enfoque hacia los primeros años, cuando las habilidades fundamentales emergen rápidamente. Con el tiempo frente a pantallas y los horarios estructurados desplazando el juego libre e imaginativo, los hallazgos son un recordatorio oportuno de que el tiempo de juego simple y no estructurado tiene profundos beneficios cognitivos y emocionales.

Qué puedes hacer

Fomenta el juego de simulación abierto en niños pequeños: proporciona accesorios simples (cajas, disfraces, juguetes) y deja que lideren la historia. Permite al menos 30 minutos de juego no estructurado al día y resiste la tentación de sobreprogramar. Para niños mayores o adultos, participar en actividades creativas —como improvisación, juegos de rol o escritura de ficción— puede apoyar de manera similar la flexibilidad cognitiva y el bienestar emocional.

Fuente: Neuroscience News

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