Un sorprendente estudio publicado en Communications Biology por investigadores de la Universidad de Warwick revela que todos los grandes simios —incluidos los humanos— comparten el mismo patrón rítmico de risa de 15 millones de años, lo que sugiere que el habla humana evolucionó a partir de un sistema de control vocal de primates conservado evolutivamente.
La investigación
La Dra. Chiara De Gregorio y sus colegas analizaron 140 secuencias de risa de cuatro orangutanes, dos gorilas, tres bonobos, cuatro chimpancés y cuatro humanos. Descubrieron que todas las especies producen risa con intervalos rítmicos uniformes entre sonidos sucesivos, una estructura acústica idéntica que no ha cambiado durante al menos 15 millones de años.
“El habla no deja fósiles, y el lenguaje complejo solo existe en nuestra especie”, dijo la Dra. De Gregorio. “Pero hemos encontrado una pista de 15 millones de años en un lugar inesperado: nuestra risa”.
Si bien el ritmo central se conserva, la risa humana ha evolucionado para ser más rápida y variable, y los humanos poseen de forma única un control consciente sobre la risa según el contexto, como cambiar entre risas provocadas por cosquillas, risas educadas o risas nerviosas. Esta acumulación gradual de precisión temporal y modulación vocal durante millones de años proporcionó los bloques neurológicos para el lenguaje hablado.
Por qué es importante
Este descubrimiento desafía la idea de que el habla humana surgió repentinamente de la nada. En cambio, sitúa las habilidades vocales humanas en un camino evolutivo continuo que se remonta a 15 millones de años. Para cualquiera interesado en sus propias capacidades cognitivas, esto demuestra que incluso las habilidades humanas más complejas —como el lenguaje— se basan en circuitos neuronales antiguos y compartidos. Comprender estas bases puede informar cómo entrenamos nuestros cerebros para una mejor comunicación y control cognitivo.
Qué puedes hacer
Puedes probar tu propio ritmo y sincronización vocal practicando ejercicios de habla consciente: lee en voz alta con un metrónomo a un ritmo constante, o intenta imitar la cadencia rítmica de diferentes emociones (por ejemplo, una explicación tranquila frente a una narración entusiasta). Este ejercicio fortalece los mismos circuitos neuronales de sincronización que subyacen tanto a la risa como al habla.
Fuente: Neuroscience News
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