Si alguna vez has pospuesto una tarea porque te parecía desagradable, quizás pienses que la solución es hacerla menos horrible. Pero una nueva investigación sugiere que la clave real está en elevar el valor de completarla, y que una técnica de estimulación cerebral no invasiva puede lograrlo.
La investigación
En un ensayo controlado aleatorizado doble ciego, investigadores de la Universidad Southwest en China, liderados por Zhiyi Chen y colegas, aplicaron siete sesiones de estimulación transcraneal de corriente directa de alta definición (HD-tDCS) en el córtex prefrontal dorsolateral izquierdo (DLPFC) de 60 procrastinadores crónicos. Mediante un muestreo intensivo de experiencias, rastrearon el comportamiento procrastinador real durante un período de 2 días postestimulación y nuevamente a los 6 meses. El grupo de estimulación anódica (excitatoria) mostró una reducción duradera de la procrastinación en comparación con el grupo simulado, efecto que persistió a los 6 meses. El análisis de mediación reveló que esta mejora estaba impulsada por un aumento en el valor percibido del resultado de la tarea, no por una disminución de la aversión a la tarea. En otras palabras, la estimulación no hizo que las tareas se sintieran menos mal; hizo que las recompensas de completarlas parecieran más valiosas.
Por qué es importante
La procrastinación afecta a un estimado 20% de los adultos y está vinculada a mala salud, menor productividad y reducción del bienestar. Este estudio aporta evidencia de que el DLPFC juega un papel causal en la valoración de recompensas futuras, y que apuntar a esta región puede producir cambios conductuales duraderos. Para cualquiera que luche contra la motivación, sugiere que replantear las tareas para resaltar sus resultados positivos puede ser más efectivo que tratar de minimizar la incomodidad. Los hallazgos también abren la puerta a intervenciones no farmacológicas que pueden combinarse con estrategias cognitivas.
Qué puedes hacer
Puedes aplicar esta idea sin un dispositivo de estimulación cerebral. Empieza por listar tres beneficios concretos que obtendrás al terminar una tarea que has estado evitando. Visualiza la sensación de logro, el tiempo libre posterior o el progreso hacia una meta más grande. Cuando surja la tentación de retrasarte, recuérdate conscientemente esas recompensas. Con el tiempo, esta práctica puede ayudar a reentrenar tu sistema de valoración de recompensas.
Fuente: arXiv q-bio.NC
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