Las interfaces cerebro-computadora creadas para restaurar la vista y el tacto resultan utilizar esencialmente la misma arquitectura, a pesar de haber sido desarrolladas en clínicas separadas durante más de 50 años.
La investigación
El hallazgo proviene de una revisión exhaustiva publicada en Nature Reviews Bioengineering, dirigida por Giacomo Valle, profesor asistente en la Universidad Tecnológica de Chalmers en Suecia. Valle comparó por primera vez dos familias de dispositivos implantados: las prótesis corticales visuales (VCP, por sus siglas en inglés), que buscan restaurar la visión, y las prótesis corticales somatosensoriales (SCP), que buscan restaurar el tacto.
Ambos sistemas funcionan de la misma manera. En lugar de reparar un nervio óptico o una médula espinal dañados, evitan la lesión por completo. Se implantan microelectrodos directamente en la corteza cerebral, donde reciben datos digitales de una cámara externa o una mano robótica y los convierten en pequeños pulsos eléctricos. El cerebro interpreta esos pulsos como una sensación natural.
Lo que sorprendió a Valle fue lo mucho que coincidía la ingeniería. Las configuraciones de electrodos, los patrones de estimulación e incluso las fórmulas matemáticas utilizadas para generar patrones visuales complejos llamados fosfenos resultaron ser las mismas que los investigadores del tacto usaban para crear sensaciones táctiles finas, como sentir un borde afilado o seguir la textura mientras se desplaza por la piel. La convergencia se hizo evidente cuando los científicos del tacto que intentaban producir sensaciones avanzadas se dieron cuenta de que los científicos de la visión ya estaban resolviendo el mismo problema con las mismas ecuaciones.
Según la revisión, esta superposición no es una coincidencia. La visión natural y el tacto natural siguen reglas neuronales y computacionales compartidas. La luz que incide en la retina y la presión que comprime la piel son ambos estímulos físicos que el cuerpo convierte en frecuencias eléctricas que el cerebro decodifica. Las prótesis simplemente se apropian de ese lenguaje existente.
Por qué es importante
Durante décadas, la investigación sobre visión artificial residió en la oftalmología, mientras que la investigación sobre tacto artificial residió en clínicas de rehabilitación motora. Los dos grupos asistían a diferentes conferencias, trataban a diferentes pacientes y asumían que sus tecnologías eran fundamentalmente distintas. Esa separación frenó el progreso en ambos campos.
Unificarlos crea un canal de polinización cruzada. Los datos de ensayos clínicos de un implante visual ahora pueden informar directamente el diseño de una extremidad biónica, y un avance en un área debería acelerar la otra. Valle y sus coautores sostienen que esto podría recortar años del plazo para llevar tecnología viable de restauración sensorial a pacientes con pérdida de visión o parálisis intratables. Incluso proponen un cambio estructural: un futuro "Departamento de Restauración Sensorial" donde los pacientes con diferentes déficits neurales accedan a una plataforma BCI simplificada.
Para cualquiera interesado en la cognición, el estudio es un recordatorio de que el cerebro no es una colección de módulos separados. Procesa la luz, la presión y el movimiento mediante una lógica eléctrica superpuesta: un solo sistema que lleva diferentes sombreros.
Lo que puedes hacer
- Presta atención a cómo cooperan tus sentidos. Leer braille, cocinar al tacto o navegar en una habitación oscura entrenan la integración multisensorial.
- Prueba una tarea sencilla con los ojos vendados —identificar objetos solo por el tacto— para notar cuánto infiere tu cerebro con una entrada mínima.
- Mantente al tanto de la investigación en neuroprótesis; el ritmo de descubrimiento en este campo se está acelerando a medida que caen los silos.
Fuente: Neuroscience News
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