Al mapear cómo variantes genéticas distantes se coordinan en seis regiones del cerebro, un equipo global ha identificado 641 genes de riesgo de esquizofrenia previamente ocultos, acercando la psiquiatría a tratamientos de precisión basados en redes.
La investigación
Investigadores del Instituto Lieber para el Desarrollo Cerebral, la Universidad de Bari y más de 60 hospitales psiquiátricos en todo el mundo analizaron datos genéticos de más de 102,000 individuos junto con muestras de tejido cerebral postmortem de cientos de donantes, cubriendo seis regiones corticales distintas. En lugar de observar solo las variantes de ADN junto a un gen —lo que los investigadores llaman el “efecto farola”— construyeron modelos computacionales avanzados que capturan relaciones regulatorias de largo alcance en toda la red, similar a cómo las redes sociales conectan a personas que no viven cerca. El estudio, publicado en Nature Genetics, descubrió 641 nuevos genes de riesgo que habrían pasado desapercibidos con métodos tradicionales. Estos genes se agrupan en vías biológicas que regulan la señalización del glutamato, la comunicación sináptica, las respuestas inmunes y el neurodesarrollo temprano.
“La mayoría de los estudios genéticos han estado buscando la luz bajo la farola, centrándose solo en los genes cercanos a las variantes de ADN asociadas a enfermedades”, dijo el Dr. Giulio Pergola, autor principal. “Al incorporar redes de coexpresión génica, esencialmente hemos encendido luces en todo el vecindario, revelando cómo variantes genéticas distantes se coordinan para construir la base genética de la esquizofrenia”.
Por qué es importante
Para cualquiera que sienta curiosidad por su propia salud cognitiva, esta investigación subraya un principio importante: la función de su cerebro no está determinada por genes aislados, sino por redes complejas de genes que trabajan juntos. Comprender estos programas coordinados puede eventualmente conducir a tratamientos adaptados al perfil biológico específico de un individuo: la psiquiatría de precisión. Mientras tanto, resalta cuánto de nuestro riesgo y resiliencia cognitiva está tejido en la estructura de la comunicación genética en todo el cerebro.
Qué puede hacer
Aunque no puede cambiar sus genes, puede apoyar la salud de las redes de su cerebro. Hábitos basados en evidencia como el ejercicio aeróbico regular, una dieta mediterránea rica en omega-3, sueño adecuado y aprendizaje continuo promueven la neuroplasticidad y pueden ayudar a mantener patrones robustos de expresión génica. Manténgase curioso acerca de cómo funciona su cerebro: el conocimiento en sí mismo es una forma de entrenamiento cognitivo.
Fuente: Neuroscience News
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